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28 de abril de 2026

Carta #4 - No somos nada

Hola tú, cómo estás?

Esta carta llega tarde, un par de días tarde, tampoco a la hora acostumbrada. He estado reescribiéndola un par de veces, no la he sentido honesta. No sé, creo que estoy atravesando un vallecito que me tiene más baja de lo normal y en Valdivia el frío ya no se va. La energía es escasa, pero no queda otra que seguir caminando hasta que el valle deje de ser valle.

Chile se está volviendo un lugar extraño para vivir. Por un lado quieres mantenerte al día de lo que está pasando, estar informada, por el otro quieres estar del lado correcto de la historia y denunciar todas las estupideces que está cometiendo el actual gobierno, y por otro quieres ser capaz de estar bien con lo que tienes sin sentir esta sensación culposa de no estar sufriendo como tantas otras personas. Mi generación está en una zona muy complicada, la gran mayoría primeros profesionales de sus familias, demasiado ricos como para recibir una ayuda de vez en cuando, demasiado pobres como para tener lo que se debería tener a esta edad. Ni fu ni fa. Es un poco desesperanzador ver que ser de clase media baja se vaya sintiendo como un privilegio y no se puede ser indiferente de este tipo de cosas. No se puede estar feliz todo el rato.

Creo que al final del día me voy dando cuenta que he estado un poco reticente a aceptar que me siento muy bajita de energía y de ánimo. Creo que quienes han lidiando con depresión pueden comprender mejor la sensación de no querer por nada del mundo entrar en esos estados, incluso si son parte del ciclo normal de un ser humano. Me gustaría que esos ciclos sean más largos, más tiempo bien y menos tiempo triste.

Nota de taller: Make art not content

Me acuerdo cuando hace años subí en la noche un carrusel con unos dibujitos hablando sobre algo del estallido social que recién había comenzado en Chile y despertar a la mañana siguiente con el teléfono reventado de notificaciones, miles de personas compartiendo lo que había dibujado. En esa época fui muy activa en todos los lugares que pude y el sentido de urgencia con lo que estaba pasando me llevó a dibujar mucho (subía carruseles de 10 imágenes casi todos los días, una locura). Todo artista quiere que su trabajo sea visto, en mi caso lo reconozco así, aunque no estaba en mis planes experimentar que algo hecho por mi se vuelva “viral”. Estoy convencida que lo que pasó conmigo es que compartí algo en el lugar y momento correcto, y como a mi le pasó a varios ilustradores que de la noche a la mañana sus trabajos se volvieron las imágenes de un momento histórico que vivimos en tiempo real, las veías en las marchas y en las murallas y en las noticias. Los dibujos que muchos hicimos en silencio, con el corazón en la mano, terminaron haciéndole sentido a muchas personas.

Nunca fui popular en ningún sentido. No fui la niña más bonita de mi curso, tampoco la más deportista, ni la más extrovertida. Fui un sólido 5 de 10 toda mi infancia. En la adolescencia, lamentablemente, viví un bullying brutal que nunca comprendí de dónde nació. En ese tiempo no existían los mecanismos que hoy existen, no habían equipos PIE ni psicólogos escolares, y no sé por qué pero no se le tomaba el peso a que un grupo de adolescentes atormenten a una persona sin redes ni amistades. Lo manejé por mi cuenta intentando pasar lo más desapercibida posible. Ni la más inteligente, ni la más porra, ni la más desordenada, ni la más nada. Me acostumbré a ser un fantasmita. A eso súmale que era la chiquilla que dibujaba anime en los rincones del colegio, que andaba siempre con la croquera bajo el brazo, que dibujaba hasta en la micro. Me molestaban mucho por estar siempre dibujando, así que incluso cuando estaba en la U estudiando Artes Visuales no era muy amiga de buscar que miren mi trabajo. Naturalmente, quería que alguien viera mis dibujos o mis pinturas y que sean admiradas, conectar con alguien a través de ellas, pero cuando pasaba no sabía qué decir o cómo responder.

Por qué cuento esto, se preguntarán. He tenido la fortuna de conocer a ilustradores y artistas que admiro y que han tenido experiencias similares a la mía y todxs coincidimos en que es muy brutal tener a tantos ojos viendo tu trabajo de la noche a la mañana. Al principio es algo nuevo, algo genial, lo que nunca viviste de púber, es como un mirá de quién te burlaste incluso, pero con el tiempo te vas dando cuenta que esa atención requiere ser mantenida. Tú te das cuenta y tus audiencias hacen que te des cuenta. Las mismas plataformas te lo recuerdan todos los días. Te hiciste conocidx por subir cosas chistosas? ni se te ocurra subir algo serio, le irán mal a tus números. Te hiciste conocidx por subir cosas tristes? mantente triste, no puedes mostrarte más feliz que las personas que te siguen. Te hiciste conocidx por compartir cosas sociales/políticas? Debes hablar de todo lo que pase, es tu responsabilidad. Me encantaría estar inventando esto que digo, pero lamentablemente son cosas que le han pasado a mis amigxs y a mi misma. Hasta el día de hoy hay gente que me manda publicaciones sobre algo horrible que hizo la derecha con un “y tú no vas a decir nada?” o un “se cree del pueblo y después amarillea”. En un momento me sentí super atrapada, porque ya no estaba disfrutando lo que estaba dibujando, pero si no subía nada constantemente, iba a desaparecer. También algo pasa en la química de tu cerebro cuando te sientes validada y aprobada por tanta gente. Si subes cosas por hobbie (aspiremos a tener hobbies, por favor), no hay problema, el techo es el propio ego, pero si eres independiente y tu trabajo depende de cuánto te promocionas, de convencer a un otro, como muchxs artistas y músicxs que conozco, es peligroso rebelarse en contra de cómo funcionan las redes sociales porque puede atentar contra tu fuente de trabajo.

No sé qué tan artista soy, o qué tan ilustradora soy, o qué tan músico soy. La forma en la que me percibo va cambiando con el tiempo, pero algo que sé muy bien es esto: no soy influencer y no soy creadora de contenido. No quiero serlo, no puedo sostenerlo tampoco. Nada en contra de quienes se dedican a eso o quienes aspiran a hacerlo, pero creo que las líneas están muy difusas y no es lo mismo. Los procesos creativos son distintos, los tiempos son distintos, pero vivimos en tiempos en extremo acelerados, tiempos de atención cada vez más cortos, vidas más sobre-estimuladas. Cómo lidiar con estar sacando material todo el tiempo? Cuando estaba activa con RADIATTA, mi alterego musical, nunca faltaba el “y por qué no aprovechas a Prottocandy? así tienes más vistas", y qué pasa si tener vistas no es la meta? qué pasa si sólo quiero disfrutar esto que estoy creando? por qué toda persona creativa debe aspirar a tener muchos seguidores? de verdad es la única ventana que existe? Veo a amigxs desvivirse por estar al tanto de las tendencias, claramente en contra de su voluntad, y aún así enfrentarse a stands vacíos y tocatas vacías.

Espero no expresarme mal: agradezco todo lo que ha llegado con Prottocandy, es más de lo que alguna vez pude haber esperado. He conocido a personas increíbles, he podido mostrar mi trabajo en lugares inesperados, he trabajado con artistas que jamás pensé podría trabajar (Dante Zaballa en mi corazón por siempre), pero no creo que por eso deba responder a los tiempos y las formas de una carrera que me es ajena. Cuando tomé la decisión consciente de dejar de tratar lo que hago como contenido me propuse compartir cosas que me hagan sentido, usar mi perfil de instagram como un lugar para compartir mi trabajo personal, de cosas que me conmueven y me apasionan, a mis tiempos y deseos. Caí en el olvido? no. He desarrollado una relación más sana con mis inseguridades y lo que encuentro que es valioso en mi, sobre todo dónde está la línea entre salir de mi zona de confort y fingir alguien o algo que no soy. Las redes sociales no son el mundo y he encontrado una alegría genuina en hacer cosas como ésta. El newsletter ha sido la mejor idea que he tenido en años y me gusta este tipo de conexión, lenta y tranquila. Aparte me rehúso a aprender a usar tiktok o hablar como los lolos.

Hay amigxs inscritxs en este newsletter a quienes les va a calar hondo el tema de esta nota de taller. Quiero que sepan que no los juzgo, no soy nadie para decirles qué está bien o mal o cómo llevar sus carreras. Estamos todxs haciendo lo que podemos con lo que tenemos en una época que se siente como que todo va a estallar por los aires en cualquier momento. Estamos un poco obligadxs a seguir ciertas directrices en el mundo digital, aunque igual pienso que todo lo que sube tiene que bajar y este sistema ultra rápido y vacío va a implotar. Y ahí estaremos nosotrxs, bailando al ritmo del fuego.

🎧 Sonido del mes

Dos recomendaciones.

La primera es Love Makes Magic de JIM. Es mi último descubrimiento, qué música más linda. Destaco “Where the Leaves are falling”.

La segunda es Somos los Mapas de Martín Pescador. A raíz de la primera recomendación recordé una playlist que tengo con música más tranqui que me gusta (que es poca), y entre esos temas apareció “Pedro” de este disco, un tema que me remueve el alma completa. Coincidencias/regalos de la vida, hoy recibí un correo de Ariel, la mente y el corazón detrás de Martín Pescador. Me emocioné? Sí. Mucho. Me atraganté con el café? también.

📖 Lo que estoy leyendo

TERMINÉ THE CELL!🎊🎉!!🍾 Gracias, gracias, fue largo, lo sé. Ahora comenzaré a leer “Los demás fueron los árboles y el viento” de Rubén González, escritor valdiviano. Es una novela ambientada en la dictadura en Chile.

📺 Lo que estoy viendo

Estoy devorando series. Ya terminé The Apothecary Diaries y Prism Rondo. Alguna recomendación?

🌿 Esta ilu es para ti

Algunos bocetos con pastel óleo y seco :)

Mis disculpas por esta cartita tan retrasada, desde la próxima retomamos el ritmo habitual. Me siento mucho mejor después de haberles escrito! como siempre, estaré atenta a sus respuestas, me gusta mucho leerles!

Tengan un buen término de mes, cuídense mucho, pónganse la vacuna contra la influenza y no se pasen de frío.

Nos vemos el 9!

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