OZ 💌 Una chispita de motivación
La hoja de ruta de Virginia Woolf para el otoño.

No esperaba que fuese Virginia Woolf quien me recordase el propósito con el que inicié 2026, pero resulta que en esta fantasÃa que me he montado en la que somos amigas, a veces ni siquiera tengo que forzar los paralelismos ni inventarme conversaciones. A veces es casi real: abro su diario el dÃa indicado y encuentro ahà ese recordatorio. Ella no hacÃa scroll ni se perdÃa viendo series, pero no estaba a salvo de notar cierta tristeza y autoprescribirse la cura perfecta: leer.
Bueno, vale, confieso. Claro que sigo moldeando a la Virginia de mi cabeza para que encaje en mi narrativa, porque me he tomado algunas licencias para ese párrafo inicial. No habla de cierta tristeza, sino de «intensa depresión», que dice que ha notado «varias veces» desde el 6 de septiembre. Dice que cree que es por haber estado ociosa sin estar enferma, pero luego cuenta que hasta el dÃa 16 aún estuvo escribiendo Al faro. Mientras, habÃan estado «dando paseos, haciendo expediciones, con buen tiempo», que no parece la más dramática de las situaciones, pero sin saber bien cómo, se le habÃa acabado la lectura. El dÃa que volvió a coger un libro, se despertó en ella «una chispita de motivación».
Creo que más o menos el dÃa que Virginia sintió esa chispita (con el libro La arquitectura del Humanismo. Un estudio sobre la historia del gusto, de Geoffrey Scott, por si queréis probar), yo me pasé la tarde abandonada a la lectura por placer sin haberlo planeado. Iba a leer un rato, una hora, pero cada vez que miraba el reloj me decÃa que un poco más, que otro capÃtulo, que hasta las 7, que hasta las 8. A las 9 paré porque me habÃa acabado el libro. Llevaba todo el verano sin una tarde asÃ, sin poder leer tranquila porque tenÃa otras obligaciones y otras lecturas. Más que una chispita de motivación, lo que se encendió en mi cerebro fue una llamarada de calma feliz, alentada por todo ese oxÃgeno que le acababa de entrar.
Supongo que el objetivo es ahora seguir alimentando a ese fuego para que no se extinga con la llegada de los dÃas cortos, los gobiernos nuevos, las cadenas de borrascas. Virginia, que es bastante buena en el arte del autoanálisis y a la que le encanta ponerse metas y hacer cábalas, sabe que no basta con hacerse un ovillito y leer. En su receta contra el desánimo está también la amistad:
«Si deseo evitar esto en el futuro, recomiendo, primero, incesante actividad mental: leer y planificar; segundo, un metódico sistema de invitar gente aquà (...); tercero, aumentar la movilidad. El año próximo tal vez me organice para ir a casa de Ethel Sands. Con el coche tendré más movilidad».
Leer libros, ser anfitriona y visitar a las amigas que viven en Francia (o más cerca, no debemos olvidar a quienes viven en vuestra misma provincia o al otro lado de la ciudad y podemos incluso hacer eso tan raro ahora de llamar por teléfono) me parece una hoja de ruta perfecta para afrontar el otoño y el invierno. Se le pueden añadir cosas, pensando siempre en esa chispita buscada y adaptándola a nuestra situación. Yo creo que un buen fuelle para las brasas de mi cerebro es también escribir aquÃ, aunque a veces me note algo renqueante en la forja de las palabras (algún dÃa aprenderé a frenar las metáforas antes de que se me vayan de las manos, pero ese dÃa no ha llegado).Â
Ahora quiero que me contéis vuestras chispitas, por favor.
Las citas de Virgi están sacadas de
las cartas que me escribela edición sus diarios de Siruela (tomo 1925-1930), traducidos por Maribel de Juan.Si no os apetece leer La arquitectura del Humanismo, podéis probar con Un juego de niños, de Donna Tartt (traducido por Gemma Rovira), que fue el protagonista de mi tarde chisporroteante.
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Muchas gracias Ana por la reseña de este libro y de la autora. Me parece súper interesante.
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