#3: Opelske
Oh, you're so silent, Jens.

«Los noruegos tienen una palabra bastante significativa, opelske, que emplean al hablar del cuidado de las plantas y puede traducirse literalmente como ‘enamorarse de ellas’, quererlas y mantenerlas para que crezcan saludables y vigorosas».
Celia Thaxter en El jardín de una isla
(traducción de Blanca Gago)
Mi primera planta me la dejó Mihaiela en la habitación y, consciente de la importancia de tener de pronto un ser vivo a mi cargo, le puse nombre. La llamé Jens, un nombre nórdico para una plantita vienesa que tuvo que sufrir bastante con mis cuidados de primeriza. Solo estuve en ese piso cuatro meses, así que confío en que pudiese revivir cuando me fui y volvió a estar bajo la diestra mano jardinera de su primera cuidadora.
No sé cuándo dejé de ir por ahí diciendo que las plantas me caían mal y opté, en cambio, por intentar ser una de esas personas con una varita mágica para conseguir frondosidad y flores y verdor permanente. No lo he conseguido todavía, supongo que porque mi amor es algo inconstante y a veces me olvido de ellas. Entonces recuerdo ese estudio que dice que las plantas gritan (pero no las podemos oír) cuando se estresan, me entran mil remordimientos y las riego, les retiro las hojas secas, les limpio el polvo.
La habitación de Mihaiela era un vergel, llena de plantas por el suelo que cuidaba sin aparente esfuerzo, como si le hablaran y contaran directamente qué necesitaban en cada momento. Supongo que ella sí practicaba el opelske de verdad y que yo a la plantita Jens no la quería tanto como me prometí cuando escogí precisamente ese nombre. Ahora la imagino emitiendo alaridos de desesperación mientras yo canturreaba que oh, you’re so silent, Jens.
Para hacer este experimento más divertido, podéis contarme vuestro currículum de plantas.
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