OZ 💌 Cómo sobrevivir a un ataque al corazón
O sobre vivir anclada en el sentido figurado.
Recordatorio: si solo quieres recibir la OZ clásica de señoras y no estas cartitas semanales, ¡dímelo! Te aplicaré un filtro y ya solo sabrás de mí una vez cada varios meses. (Aprovecho para avisar: el miércoles que viene dejaré todas vuestras bandejas de entrada en paz. Volveré el domingo 7 con una niusléter sobre señoras antiguas).
«Cómo sobrevivir a un ataque al corazón en soledad», decía un titular al final de una página web extraña y antigua en la que estaba hace un rato. Como en ese momento mi cerebro estaba en modo soñador, revoloteando por ideas y fantasías, me sorprendió que el párrafo que seguía a ese título hablase de que se tienen unos diez segundos antes de perder la conciencia, de que si se tose de forma vigorosa con respiraciones profundas entre cada tos se puede aguantar hasta que llegue alguien a ayudarte o hasta que el corazón vuelva a latir con normalidad. Yo me había ido por la parte figurada: había aparecido un corazoncito roto en mi cabeza, había entendido que lo literal es todo eso que hemos ido asociando a nuestro órgano estrella y que el órgano en sí era la metáfora.
Como esto pasó hace solo una hora y pico, no he tenido tiempo de desarrollarlo bien, pero creo que hay días en los que vivo más en ese lugar en el que lo real es la fantasía y no al revés. Días en los que si tengo que hacer algo útil (trabajar), la única forma de hacerlo es con un control férreo y constante de un cerebro que se quiere ir a ese otro terreno que considera mucho más fértil, emocionante y atractivo (porque lo es).
Cando pasó lo del corazón, ni siquiera estaba trabajando, sino dejándome llevar. Había desembarcado en esa web buscando información sobre la próxima señora que protagonizará la niusléter, a la que descubrí ayer justo antes de cenar (feliz acontecimiento que retrasó mi cena y la hora a la que me acosté). Sé que la web es antigua por su diseño, porque pone que se va a cerrar en mayo de 2025 y porque se acaba. Es de Australia y no tiene anuncios y, según cuentan en una sección, la montó Barbara C en 1997 y la mantenía John. Es sobre coleccionismo de libros y revistas y tiene un libro de visitas cuyo último mensaje es de 2012.
Pero yo no venía a hablar de webs antiguas ni de libros raros (de esto último creo que hablaré en la próxima OZ de señoras), sino de esos días en los que el modo por defecto en el que opero es el metafórico. Incluso mientras leía el párrafo con información médica1, mi primera línea de significado se iba por el amor, las emociones, lo poético. «La persona cuyo corazón está latiendo de forma no adecuada empezará a sentir que se desvanece», dice el texto, en el que he traducido faint por desvanecerse y no por desmayarse porque se ajusta más a este día de verano anticipado y a las pocas ganas que tengo en este momento de aceptar el mundo real.
¿Cómo laten vuestros corazones hoy? ¿Todo funciona con normalidad o necesitáis toser y respirar hondo para darles un poco de amor extra a base de oxígeno (la respiración) y un abracito (la tos)?
Se habla mucho de la necesidad de estar presentes, de anclarnos en lo que perciben nuestros sentidos aquí y ahora, y es un ejercicio clásico y efectivo para controlar la ansiedad. Pero yo creo que de vez en cuando es muy práctico y bueno y alegre trasaldar esa presencia a la fantasía. Permitirnos habitar esos mundos raros pero agradables que nuestros cerebros crean no solo cuando soñamos, sino también mientras hacemos cosas tan mundanas como preparar un café. Pensar que un ataque al corazón no es algo que te puede matar, sino lo que le pasa a un personaje de una novela cuando descubre que, si no ha caído al suelo al desmayarse, es porque ha caído en los brazos de su (¡guapísimo!) enemigo.
La fuente de esa información médica, dice la web, es la Australian Seniors Magazine. Una búsqueda rápida en Google me dice que es un mito. Para algunas arritmias repentinas puede funcionar (LLAMA AL 112), pero no para paros cardíacos. ↩
Añadir un comentario: