Carta #2 - frío
Hola! cómo estás?
En Valdivia entramos oficialmente a la época fría del año. Volví a las primeras capas, las mantas y los guateros. La humedad está siempre así que no hay problemas con eso, pero el frío es un problema. Es mi primer año lamentando que el clima más templado no haya durado un poco más, un poquitito más, qué costaba. En la casa tenemos que limpiar el cañón de la estufa antes de prenderla.
Qué pasa con marzo? qué mes más loco. Se siente como andar con los frenos medios sueltos a 60 km/h es una calle muy angosta. Es una época muy rara para mi: todo afuera está yendo muy rápido y están pasando muchas cosas, mientras que yo acá voy atravesando por una neblina mental que lo hace todo lento y difícil de procesar. Mi superpoder es la concentración, entonces no ser capaz de concentrarme es tortuoso, siento que se me escapan las cosas de las manos. Miren a este mapache:

Ese mapache soy yo todas las mañanas. Igual sé que es una situación transitoria que viene de la mano con muchos cambios en mi entorno, mi carrera y mi cabeza. Va a pasar, como pasa todo.
Nota de taller: Si vine a algo a este mundo…
Hace unos domingos di un taller de ilustración autobiográfica. Fue el primer taller que doy por iniciativa propia en años, el primero de varios (espero). Ese día tomé desayuno en la cama y vi una serie, después me fui a mi estudio y afiné los detalles de las actividades, terminé de editar los videos de los primeros ejercicios y revisé otra vez lo que había planificado para el día. Revisé los tiempos, anoté frases detonantes por si me quedaba sin palabras (a veces me pasa que no puedo hablar, me quedo trabada), preparé algunas actividades extras en caso que las principales no tuvieran buena acogida. Después preparé mi escritorio, mis cámaras, probé el audio, probé la cámara virtual, preparé mi cafetera para tener buen cafecito durante la sesión, le avisé a mi esposo que ya me iba a preparar para dar la clase (como si no llevara tres horas preparándome) y diez minutos antes de comenzar me senté con todos los materiales desplegados a esperar. Diez minutos en silencio, mirando la reunión de Google Meet sin participantes. Imagino que desde afuera debe verse chistoso, quizás un poco triste, pero para mi es necesaria esa pausa antes de comenzar porque la verdad es que me pongo mortalmente nerviosa antes de dar una clase. Esos minutos me sirven para que mi mente pueda navegar tranquilamente por el mar de cosas que podrían salir mal, después navegar por el mar de cosas que podrían salir bien, después llegar a la conclusión de que ya hice todo lo que pude y que no queda nada más que lanzarse, y cuando ya escucho el primer “hola”, me lanzo como si me lanzara a un escenario a tocar la canción más potente del concierto.
La docencia y la educación artística han sido parte de mi carrera desde el 2017. Antes de eso, recuerdo que cuando chica jugaba a que era profesora y le hacía pruebas a niñxs que ayudaba a cuidar (dato curioso: le hice clases de reforzamiento a la sobrina del Ruperto cuando venía con su circo a Valdivia). Me acuerdo que, cuando me fui a Panguipulli a hacer clases a una escuela básica, alguien por ahí me dijo que “me estaba perdiendo como profesora”, que dedicarme a eso y no a mi carrera como artista visual era un error. Casi 9 años después, con toda el agua que corre debajo del puente en esa cantidad de tiempo, ha surgido en mi la pregunta: qué disfruto más, ser artista o ser docente? los disfruto igual?
Después de haber sido profe en esa escuela, me alejé de la sala de clases. Volví a tener contacto con ella cuando me llamaron a hacer clases en la misma escuela de artes donde estudié en la universidad para dar el ramo “Taller Experimental” el 2024. El primer día recuerdo que iba camino al taller de pintura como si fuera al matadero, me temblaban las piernas de los nervios. Creo que incluso vomité esa mañana por lo mismo. Se supone que ahí yo tenía que guiar a lxs estudiantes a que experimentaran con distintos tipos de lenguajes y sentar las bases de lo que serían proyectos más “““““serios”””””. Puedo decir con toda la seguridad del mundo que fue al revés. Mi semestre con esos 13 estudiantes brillantes se sintió como un desfibrilador dándome todas las semanas golpes de vida. Sentí un entusiasmo enorme al ver sus procesos, lo mucho que podían defender sus ideas, la terquedad, la pasión. Dónde había quedado esa pasión en mi, esa sensación del todo o nada? Muchas veces era complicado mantener composturas y no ponerme a gritarles cuando me decían “es que no soy tan bueno/a”, en ese entonces me decía a mi misma “qué daría yo por llegar a algo así, a una imagen así”. Aparte de esa asignatura, tuve a varios practicantes de diseño y audiovisual a mi cargo en los últimos años. Creo que las partes que más disfrutaba de mi trabajo era lo que podía hacer con ellos, las conversaciones que teníamos, cómo iban apropiándose del cargo. Con el tiempo incorporé varios elementos gráficos que habían diseñado ellxs mismxs a la identidad gráfica de mi trabajo, me parecía lo más justo y sensato.
Creo que de la docencia podría hablar horas y horas, pero a lo que quiero llegar es a lo siguiente: en esta nueva etapa de mi vida, ahora que voy retomando las riendas de mi carrera y hago lo que de verdad amo hacer, es inconcebible para mi que la docencia no sea una parte fundamental de lo que hago, aunque me de nervios y aunque dude de mis habilidades, aunque mi mente me juegue trampas, aunque me de miedo decepcionar. Estar en la sala de clases me llena de formas que no puedo encontrar sólo como creadora. Cuando mi mente se va a lugares oscuros, abro mi cajita de recuerdos de clases y leo mensajes que me han dejado estudiantes y vuelvo a sentir amor por mi misma. Esta decisión de activarme nuevamente como docente y a la felicidad que me ha traído se la debo a las experiencias que me dejaron lxs cabrxs de Taller Experimental y mis practicantes. Sé que lo que más disfruto es estar en una sala de clases por dos razones: la primera vino cuando armamos nuestra primera muestra de trabajos en taller experimental. Por mi cabeza se cruzó la frase “Si existe esto de venir al mundo por un propósito, si nací para algo… definitivamente fue para ser profe. De otra forma no entiendo cómo me puede emocionar tanto esto”. La segunda fue cuando Pablo, uno de mis practicantes, me dijo que me considera su mentora (en realidad me comparó con Hattori Hanzō de Kill Bill, pero mismo concepto). Para mi, no hay éxito profesional ni monetario que se compare a que alguien te considere su mentor. He tenido grandes victorias como artista, pero ninguna ha sido tan impactante como saber que soy mentora de alguien.
Este newsletter es una carta de amor a la docencia y a quienes hicieron que ahora tenga sentido perseguir mis sueños. Así que acá un mensaje para ellxs: A Inti, Cata, Daniel, Samuelle, Savka, Trini, Saray, Paz, Tian, Iván, Arima, Jose, Claudia, Carlos, Pablo, Edu, Seba: gracias por enseñarme tanto.
🎧 Sonido del mes
El Radio Onsen Utopia de Yakushimaru Etsuko. Si algunx de ustedes vio alguna vez Arakawa Under the Bridge (TREMENDA SERIE), es la misma artista que compuso los openings. Música tierna, calmada, compleja, profunda. Mi canción favorita en Nornir
📓 Lo que estoy leyendo
Sigo con The Cell de Stephen King en las mañanas, es una lectura que va lenta pero segura.
📺 Lo que estoy viendo
Inauguro nueva sección con lo que estoy viendo, porque en casa vemos muchas series. De las series que estoy viendo semana a semana: Jujutsu Kaisen (esa serie a veces me hace sentir que soy tonta) y Hells Paradise (no verla al almuerzo si te da asco fácil).
También comenzamos a ver El día que Hikaru murió. Ya había leído el manga gracias a Daniel, uno de mis ex estudiantes, y como me quedé viuda de varias series, le propuse a Nacho que la veamos. Hermosa, perturbadora y fleta. Perfecta.
🌿 Esta ilu es para ti
Gracias por acompañarme en esta carta que salió larga, pero para qué vamos a guardar lo que queremos decir, cierto? Ten un hermoso día, que marzo acabe bien para ti.
Nico.-