Hay problemas que son realmente difíciles de detectar, sobre todo cuando se dan en producción.
Fue el caso de una aplicación en la que trabajaba hace poco: un comercio electrónico que, solo en determinados momentos del día, respondía con latencias elevadas; algunas peticiones tardaban varios segundos en completarse y, en casos más graves, se devolvían errores HTTP 500.
Pero lo más desconcertante era que el consumo de CPU y memoria en los servidores de aplicación se mantenía dentro de rangos normales.
Lo primero que uno se imagina es: “Pues algún cuello de botella debe de haber…”. La pregunta del millón es dónde.
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