Newsletter #16: Va por ti, amigo mío.
Hoy no voy a hablar de fotografía. Tampoco hay que asustarse, no es la primera vez que eso pasa por aquí. Si tus intereses son estrictamente fotográficos, entendería incluso que dejases de leer. Pero pienso que a menudo la foto es una excusa para hablar de otra cosa. Y de lo que quiero hablar hoy he hablado muchas veces sirviéndome de la fotografía.
Mi amigo Pedro murió hace 10 años. No llegó a cumplir los cuarenta. Siempre he tenido bastante dificultad para contestar a la clásica pregunta de cual es tu peli favorita, o tu disco. Me bloqueo bastante y me resulta difícil priorizar entre mis afectos. Pero en el caso del mejor amigo, creo poder afirmar sin duda que él lo era.
En sus últimos años, cuando el saber que estaba enfermo le dotó de un gusto por la vida del que no gozan muchas personas con salud, Pedro escribió mucho. Siempre había sido un gran lector y había hecho sus pinitos en la literatura. Pero se dedicó mas en serio a ello entonces. Siempre dentro de la literatura de género, su predilecta, frecuentó tanto los microrrelatos como los cuentos cortos. Yo no sé deciros si Pedro era un escritor bueno, malo o regular. Si que se que disfrutaba mucho de la escritura y que a mi me gustaron mucho algunas de sus creaciones.
En su trayectoria como escritor, Pedro consiguió publicar en algunas antologías, fue destacado en algunos concursos y publicó alguna de sus creaciones mas breves en su blog (que aún puede visitarse). Pero su obra literaria estaba dispersa por varios lugares y quiso reunirla en un solo lugar. De ahí nació la idea del libro “Narraciones extraordinarias ( y otras no tanto”. En el título ya tenemos una muestra del humor socarrón de Pedro, además de una referencia a su admirado Edgar Allan Poe.
Ha pasado ya mucho tiempo, pero recuerdo que la intención de Pedro era publicar su libro de un modo convencional. Con una editorial que apostase por el título y demás. Pero estos procesos, aún cuando fructifican, son muy lentos. Y Pedro comenzó a intuir que su tiempo se acababa. Así que optó por una solución de compromiso. Recurrió a Amazon y a su programa de auto publicación Amazon Kindle Direct Publishing. Mediante esta vía, un autor puede poner su obra a la venta para ser impresa bajo demanda o disponible en formato electrónico en el ecosistema de Amazon. De hecho sigue disponible ahí y, ahí seguirá hasta el apocalipsis de nuestros sistemas electrónicos.
Hace tiempo que llevo dandole vueltas a un pensamiento. No me gusta que la única manera de conseguir el libro de Pedro sea recurriendo a la empresa de Jeff Bezos. Aparte de su conocida y merecida reputación como una megacorporación eminentemente malvada, lo cierto es que las ventas del libro de Pedro solo les benefician a ellos. Más que nada creo que el estar cautivo ahí impide potencialmente que las palabras de Pedro lleguen a mas personas.
Es un absoluto lugar común pero creo que es cierto que nadie desaparece del todo mientras se le recuerde. Y la experiencia de conocer a mi amigo Pedro, de oír su risa y de disfrutar de su presencia hay muchísima gente que nunca la tendrá. Pero puede haber potenciales lectores nuevos de su obra. Aficionados al terror, la fantasía o la ciencia ficción que disfruten de sus palabras y sus ideas. Pero que para que eso pase tenga que ganar dinero una de las empresas más malvadas y ricas del mundo no me gusta. Así que he cometido un pequeño delito.

Veréis, he quitado la protección anticopia a mi copia electrónica del libro de Pedro. Y la he alojado en todos los formatos electrónicos en el Internet Archive, una institución que vela por la preservación y el archivo de materiales digitales de todo tipo, y que hacen una labor colosal peleando contra intereses que desearían que cerrasen para siempre. El libro está disponible ahí y puede ser descargado, leído en línea, compartido. Y espero que sea así para siempre. Así que si tenéis curiosidad por saber que escribía hace unos diez años mi mejor amigo, estáis a un solo click de saberlo.
Por supuesto para realizar toda esta maniobra conté con el permiso de los hermanos y sobrinos de Pedro, a los que les pareció noble mi intención. El hermano de Pedro, Rafa, me sugirió además que escribiera un nuevo prólogo al libro de Pedro en el que explicase todo esto. Para bien o para mal le he hecho caso.
Nada me puede devolver a mi amigo. Celebro aún todo lo que tuve la oportunidad de vivir junto a él. Pero incluso este acto casi puramente simbólico lo hace seguir presente en mi memoria. Y espero que en la de alguien más. Gracias por leerme. Por todos menos por uno.