OZ #47 💌 Señoras en bicicleta
Montar en bici en bombachos... ¡y un anuncio!

Queridas 199 personas que estáis suscritas:
Un día a principios de octubre de 2008, fui a una tienda de bicicletas en Viena y, por 80 euros, salí de allí con un precioso modelo rosa de paseo, con sus luces y con su candado (tras una primera vueltecita de prueba en la que, después de recorrer diez metros, choqué contra un bolardo en la acera y me caí al suelo; espero que los de la tienda no me vieran). Llamé a mi bici Manuela tras pedir ideas en Fotolog y, durante los meses siguientes, me acompañó con viento, lluvia, temporales de nieve y sol durante un año en el que me resultaba más sencillo pedalear que caminar.
Creo que en todo ese tiempo no pensé ni una vez en desde cuándo existían las bicicletas o desde cuándo las montábamos también las mujeres (espóiler muy documentado: desde siempre) o si en algún momento subirse a uno de estos artilugios había sido algo controvertido. Pero luego, al ir haciendo esta niusléter, noté que cuando investigaba a señoras inglesas o estadounidenses de finales del XIX o de principios del XX, muchas veces había una frase tipo «fue la primera mujer en ir en bici por su pueblo» (ejemplo: la directora de orquesta Ethel Smyth).
Pero voy a dejar de contaros batallitas e ir al grano: el asunto de esta carta es también el título de un libro que hemos escrito mis amigas Raquel C. Pico, María Ramos Domínguez y yo, editado por Sushi Books en gallego y que empezará a llegar a las librerías esta semana. ¡Sorpresa! Pero os cuento más sobre él al final, que me ha entrado un poco de vergüenza. Volvamos a Viena, mi lugar seguro. Busquemos a una señora en bici del pasado. Ya está: Cenzi Flendrovsky.
¿Quién era? ¿Qué sabemos? Poco, ya os aviso. Nació en 1872 en Viena y se llamaba Crescentia, pero todo el mundo la llamaba Cenzi. Su madre era limpiadora y su padre tenía una tienda de comestibles en el barrio de Favoriten y ella creció allí, ayudando en el comercio y soñando con bicicletas. La historia me pide que os cuente cómo fue la primera vez que se subió a una, quién le enseñó, qué sintió, pero solo tenemos el vacío.
Pienso entonces en Dorothy Richardson, otra señora de estas cartas y entusiasta ciclista, que hizo a la protagonista de su gran saga literaria (y su alter ego) aprender a montar en bici a finales del siglo XIX. Permitidme que intercale algunos pasajes ciclistas de The Tunnel (volumen 4 de Pilgrimage) para rellenar los vacíos de Cenzi (y perdón por no traducir, no me atrevo; sigo sin entender que esta saga no esté en castellano todavía):
“Then you can both really ride?”
“We do nothing else; we’ve given up walking; we no longer walk up and downstairs; we ride.”
Miriam laughed her delight. “I can quite understand; it alters everything. I realised that this afternoon at the school. To be able to bicycle would make life utterly different; on a bicycle you feel a different person; nothing can come near you, you forget who you are. Aren’t you glad you are alive to-day, when all these things are happening?”
“What things little one?”
“Well cycling and things. You know girls when I’m thirty I’m going to cut my hair short and wear divided skirts.”
Todo lo que se sabe de Cenzi es lo que dijeron los periódicos y las revistas especializadas a finales de siglo, cuando ella ya era una conocida ciclista de competición.
Cuando leáis el libro, en el que no se habla de Cenzi pero sí de otras muchas señoras en bicicleta, descubriréis todo lo que conllevaba hacer ciclismo de competición si eras mujer. Eso no frenó ni a Cenzi ni a otras señoras como Louise Armaindo o Elsa von Blumen (de ellas sí hablamos), porque a ver por qué no íbamos a poder participar en carreras nosotras también.
La década de 1890 fue la era dorada de las bicicletas. En Viena, por ejemplo, se pasó de tres clubs ciclistas en 1883 a 271 en 1899. En 1894 se fundó el primer club ciclista femenino de la ciudad. Había hasta una revista alemana sobre ciclismo femenino, Draisena, fundada en 1895 y con redacción en Viena desde 1897. Con todo este ambiente velocipédico, no es de extrañar que Cenzi se uniese a un club (Velocitas) en 1896 y, en 1897, participase en su primera carrera.

Fue en el velódromo que había en la Rotunde del Prater, una estructura en forma de cúpula —la más grande del mundo en ese momento— que quedó hecha cenizas en un incendio en 1937. Era una carrera de parejas mixtas que se celebró en enero de 1897. Cenzi quedó segunda junto a su compañero en la primera y en la última eliminatorias, pero fueron descalificados porque los que quedaron de terceros protestaron (ojalá saber por qué). También fue la única representante vienesa en la primera Carrera Internacional Femenina, celebrada en 1898 en Berlín. En su vida activa, llegó a ganar unos 15 premios, algo que tiene más mérito aún si tenemos en cuenta que murió en 1900.
En un obituario publicado en el Neues Wiener Abendblatt el 5 de diciembre de ese año se especifica la causa de su muerte: la «conocida ciclista» Cenzi Flendrovsky murió de una osteomielitis causada por una caída (de un tándem de tres plazas) meses antes. Los médicos le habían dicho que la única solución era amputarle el brazo. Ella se negó. Tenía 28 años.
Estuvieron a punto de ponerle su nombre a un estadio en Viena (resulta que el estadio llevaba el nombre de un señor con pasado nazi), pero al final optaron por derribarlo en 2021. Desde 2024, tiene una callejuela, la Cenzi-Flendrovsky-Gasse. En Google Maps aún no lo han actualizado.
Mucho de lo que sabemos sobre Cenzi Flendrovsky es gracias a la periodista Petra Strum, que se encontró su foto (la única que tenemos de ella) mientras hojeaba revistas antiguas en la Biblioteca Nacional austríaca y decidió investigar. Publicó una biografía en forma de novela gráfica.
Un poquito más de Dorothy Richardson en The Tunnel:
“Why don’t you ask them to raise your salary?”
“After four months? Besides any fool could do the work.”
“If I were you I should tell them. I should say ‘Gentlemen—I wish for a skirt and a bicycle.’”
“Mag, don’t be so silly.”
“I can’t see it. They would benefit by your improved health and spirits. Jan and I are new women since we have learned riding. I am thinking of telling the governor I must have a rise to meet the increased demands of my appetite. Our housekeeping expenses I shall say are doubled. What will you? Que faire?”
Que alguna editorial traduzca la saga Pilgrimage, por favor.
¡El libro! 🚲📖

Os voy a copiar directamente el texto de la contraportada, porque me he vuelto a poner nerviosa:
A invención da bicicleta supuxo un importante cambio nas formas de transporte, especificamente para unha parte da poboación: as mulleres. Durante as primeiras décadas do invento, as señoras en bici puideron explorar unha nova liberdade, impactando no movemento sufraxista, cambiando a forma de vestir e incluso descubrindo novas formas de gañar a vida. Pero nunha época en que a imaxe e o papel da muller estaba moi definido, tamén se enfrontaron a críticas e prexuízos. Esta obra é unha crónica destes vibrantes primeiros anos e de como evolucionou a relación das mulleres coas bicicletas desde entón.
É dicir, temos: unha historia da bicicleta, que se inventou, na miña humilde opinión, tarde, e de como desde o principio houbo modelos para mulleres, pensando que igual tamén nos gustaba; un repaso por todo o alarmismo médico sobre o que nos podía pasar ás señoras que montásemos nunha (e unha divertida comparación coas máquinas de coser!); todo un capítulo dedicado ao que fixo a bicicleta polo feminismo (as bicis eran un accesorio moi de señora sufraxista) e como empezamos a facer cicloturismo; outro para o que fixo a bicicleta pola moda (fixádevos en como Cenzi, na foto que abre esta carta, decide non ir en bici de cadro baixo e viste uns bombachos); unha historia das ciclistas que competían (algo moi pouco feminino), e unha viaxe ata a actualidade con entrevistas a señoras en bicicleta actuais.
Hai fotos! Ilustracións! Anuncios en xornais antigos!
Pasámolo moi ben lendo libros e teses e, sobre todo, buceando en hemerotecas, que xa sabedes que é moi entretido. Esperamos que tamén o pasedes moi ben léndoo e poidades engadir ás vosas conversacións datos como que teñen que ver as bicicletas e os problemas xenéticos relacionados coa endogamia, animadas intervencións sobre cando Annie Londonderry deu a volta ao mundo, ou apuntamentos sobre por que as ciclistas de competición eran, como Cenzi, de clase traballadora.
Máis información aquí. Pedídello ás vosas libreiras.
Fin de pausa publicitaria. Volvemos á programación habitual.
Botiquín 💊
Las píldoras culturales que me han mantenido cuerda y feliz estas semanas:
🎵 El último disco de Rodrigo Cuevas me ha puesto muy contenta. El de Mitski también me ha gustado mucho.
📺 Empathie es una serie canadiense que deberíais ver. Está en Movistar+.
📚 ¿Es Ali Smith mi escritora favorita actual? Creo que sí. Leí Biblioteca pública y me maravilló. También Una Woolf propia, pero creo que es muy para gente que, como mi amiga Ali y yo, tiene una sana obsesión con Virginia. Los dos están en Nórdica, traducidos por Magdalena Palmer.

Como siempre: si te ha gustado, reenvía, comparte. Si te la han reenviado y te ha gustado, suscríbete. Si quieres contarme tu historia con las bicis (mi otra etapa ciclista fue de pequeña, cuando mi hermana se rompió los dientes al intentar esquivarme en un camino de gravilla), si preferirías que te amputasen un brazo o morir o tienes preguntas sobre EL LIBRO, contesta a este email, ¡deja un comentario! o dime algo en Instagram o BlueSky. Si no quieres más, desuscríbete. Y gracias por estar por aquí y no ser fantasmas.
Añadir un comentario: