💌 OZ (otra newsletter)

Archivo
19 de febrero de 2026

OZ #45 💌 Mi propósito para 2026

Sí, a estas alturas.

Un pajarito en la barandilla de mi balcón.
Un visitante este febrero gris.

No sé bien cómo ha pasado. Yo quería contar esto mucho antes, pero me subí a un tren de borrascas y de pronto es casi primavera. ¿Es tarde para hablaros de uno de mis propósitos para 2026? Creo que no. El propósito son cinco palabras que escribí un día en diciembre mientras pensaba en cosas que quería hacer: usar el cerebro con alegría. Llevo desde entonces intentando descifrar y especificar qué significa exactamente esa frase.

Me lo digo («¡usa el cerebro con alegría!») cuando me descubro viendo reels sin parar, especialmente si ya he pensado varias veces «bueno, uno más, en cinco minutos, cuando deje de llover». Lanzo el móvil al otro lado del sofá y me quedo algo enfurruñada porque mi orden es demasiado abstracta. Podría usar el cerebro, sí, pero justo en ese momento me niego a hacerlo con alegría. Dependiendo de la hora y del día de la semana, traduzco la orden en coger el libro más cercano y leer un rato. A veces doy en el clavo y aparece una frase que me pone contenta. Por ejemplo:

«Da la impresión de que tenemos plantillas para las estaciones y, cuando todo se adecua, tomamos fotografías. Parece un acontecimiento en sí mismo el hecho de que el tiempo acierte», Solvej Balle en El volumen del tiempo II, traducido por Victoria Alonso.

Otras veces, y lo digo ya porque quiero tratar lo desagradable cuanto antes, esa orden significa que me tengo que poner a trabajar. La alegría es opcional, pero suele llegar si solo procrastinaba por miedo a no estar a la altura de un tema especialmente bonito. Cuando estoy en el sofá porque lo que tengo que hacer es aburrido y creo que voy a tardar mucho, me pongo el temporizador mágico, me doy media hora, y a veces acabo incluso antes. Ganar al tiempo me gusta. Puedo ser bastante competitiva.


[La última semana de enero, dopada con los corticoides que me ponían en vena todas las mañanas, escribí esos textos aburridos rápido y sin pensar y sin lamentarme antes. Me pregunté si me había convertido en una IA humana. Si es eso lo que siente ChatGPT cuando contesta rápidamente y entre emojis a la petición de algún pobre humano que cree que no tiene elección (me aseguré de beber suficiente agua). Pero ChatGPT no siente nada y yo llegué al sábado sintiendo que había estado una semana de rave y que me iba a dar un infarto. A riesgo de sonar como una de esas personas que alertaron de que la electricidad significaría el fin del mundo o ser como ese señor que dijo que los Beatles no llegarían a nada: pasad de la IA].


Uno de mis usos preferidos del cerebro es el fantaseo, la abstracción, el sumergirme tanto en sus recovecos que me olvido del resto. Lo pensé hace dos semanas dentro de una máquina de resonancia magnética en la que estuve cerca de una hora. No tuve que recurrir a meditaciones ni a recitar discos ni a estudiar los ruidos (técnicas que he usado en otras ocasiones), porque simplemente me puse a pensar. ¿Qué tengo que hacer la semana que viene? ¿Cómo me puedo dividir el tiempo? ¿Tiene sentido dividir el tiempo? Me perdí tanto en las cavernas que casi ni me enteré de la atronadora banda sonora magnética. Y anoté mentalmente este uso tan práctico para añadirlo a esta lista de funciones alegres del cerebro.

Hoy fue un intermedio entre tareas. Esperando a que la lavadora acabase de centrifugar las sábanas para tenderlas, salté de un libro a otro sin ganas reales de abrir ninguno, el móvil se me reinició solo (lo hace a veces) diciéndome que no contara con él y el ordenador me hizo ojitos. Me resistí: a estas horas no voy a escribir el blog. A estas horas el uso cerebral debería decantarse más por otras tareas, por acariciar a Ziggy e intentar descifrar su maullido, por planificar el día de mañana, por entrar en algún bucle de Wikipedia, por avanzar en latín en Duolingo, por pensar qué voy a cenar. Pero el imán fue más fuerte y gracias a eso —y, sobre todo, a mi lavadora— leéis esto en febrero y no en abril.

Usar el cerebro con alegría significa pulsar teclas y jugar a mover palabras e imaginarme sus significados rebosantes mezclándose entre ellos al apretujarse en el esquemita gramatical que les he proporcionado. También me imagino a vuestros cerebros otorgando lecturas y significados inexactos a todo esto (como debe ser) y me pregunto cómo hubiese sido este texto en abril. No importa. Voy a tender las sábanas. Y a hacer la cena.

¿Recordáis que os dije que iba a mezclar las cartas de señoras con lo que era tradicionalmente mi blog. Esto es un ejemplo de blog. Si solo quieres señoras, dime y te aplico un filtro y ¡magia! será lo único que recibas.

No te pierdas lo que sigue. Suscríbete a 💌 OZ (otra newsletter):
Únete a la discusión:
  1. 💌
    Ana Bulnes Author
    20 de febrero de 2026, mañana

    (La elección de esta canción es porque siempre que pienso en estructuras lingüísticas o en dividir el tiempo me viene a la cabeza Conor cantando:

    You'll be free, child, once you have died From the shackles of language and measurable time

    )

    Responder Reportar Eliminar
  2. T
    Tere
    22 de febrero de 2026, mañana

    Bo día, Non sempre se poden ler textos con significado profundo (cerebro outorgando significado a todo isto) escritos con alegría e ritmo. Así que o obxectivo, polo menos nunha individua, está conseguido.

    Reply Report

Añadir un comentario:

Compartir este correo electrónico:
Compartir en Facebook Compartir por correo electrónico Compartir en Bluesky
Ana Bulnes
Instagram
Bluesky
Este correo electrónico te lo ha traído Buttondown, la forma más fácil de iniciar y hacer crecer tu boletín.