Teletienda
El sábado por la mañana fui a la biblioteca de mi barrio a recoger un premio. En principio no tenía que dar ningún discurso de agradecimiento y, por una cuestión de tiempo, a nadie se le estaba permitido decir nada. Así que cuando en la tarima el presentador me acercó el micrófono, me quedé en blanco. Dije que no muchas gracias y grité muchas gracias, merci, que es lo que siempre me sale. Al bajarme, vi como un señor que estaba en la segunda fila se encogía de hombros: a él no le habían dejado hablar. Me quedé un rato más por ahí dando vueltas, comiendo aceitunas rellenas y, cuando ya me iba, una mujer se acercó para decirme que los jóvenes éramos el futuro. Ese día yo iba vestida como Pepper Ann. Luego fui a casa de mi madre a darle el diplomita y la rosa que me habían regalado y me recibió diciendo que estaba muy orgullosa de mí. No le conté que no había conseguido hablar, improvisar, porque me habría salido con lo de siempre: que yo de pequeña nunca balbuceé ni una sola vez, que un día me desperté y solté una frase completa y que a mi abuela eso le daba muy mal rollo. Por suerte, en mi día a día, me lo he montado para no tener que hablar demasiado porque principalmente escribo emails e interactúo con los trabajadores de Correos a través de muecas de horror y estupefacción.

Pero también corrijo libros. Y en uno de los últimos ensayos que he corregido, aparecía la cita de un médico que afirmaba que el asma podía estar relacionado con las dificultades para hablar o verbalizar lo que una piensa. Como cuentista y asmática que soy, pensé que tenía todo el sentido del mundo y que estaba ligado a los muchos problemas de garganta que he tenido en los últimos años. Me imagino todas esas palabras apelotonadas en la garganta, y yo solo dejando salir lo justo, lo que menos problemas vaya a causar. (Parece contradictorio que, por no abrir la boca, una tenga problemas de garganta, pero así son las cosas.) Y a lo mejor es precisamente por eso por lo que me gusta escribir: puedo decir lo que quiera y luego ir retocando hasta que quede algo parecido a lo que tenía en mente cuando empecé a escribir. Es perfecto, nunca se te queda la sensación de que podrías haber dicho algo mejor, que podrías haber sonado más ingeniosa, ¿no? ¡Pues ni de coña! En esto de la escritura, por muchas vueltas que le des, por muchas veces que retoques algo, siempre vas a salir con una versión mejor, o una que se adapte a lo que tú consideras mejor en ese momento.1 Por eso nunca releo lo que escribo una vez publicado. Y ojo, con esto no quiero decir que no pueda hablar en público o que no pueda performar la extroversión. A medida que iba haciéndome mayor, a parte de hablar como un abogado según mi abuela, también conseguí fingir que todo iba bien, que podía expresarme con total normalidad, aunque mi cabeza y mi cuerpo estuviera lleno de sangre bullendo. No sé si algún día conseguiré decir lo que pienso en todo momento de forma articulada y serena o me terminará por explotar la garganta (espero que nunca encima de un escenario).

Quizá por todo esto que estoy intentando transmitir, me gusta rodearme de gente que dice lo que piensa y que se expresa con naturalidad. Es el caso de Eme, la persona que ha hecho posible el fanzine que vengo a presentarte hoy. (¡Porque sí, hoy vengo a venderte mi último fanzine!) Conocí a Eme hace mucho tiempo a través de Makeo, su tienda de ropa de segunda mano. Además de tener la tienda, es un auténtico erudito de la moda y el faro que siempre me guía cuando necesito inspiración en esto de la ropa. Aun así, no nos desvirtuamos hasta el año pasado y no pude ir al almacén de Makeo en Sabadell hasta hace dos meses. Estando allí, y después de enseñarme la ropa más guay del mundo, me dijo: «tengo algo guapo para ti». No se refería a una chaqueta Levis (que terminé comprando), sino a una caja llena con etiquetas de ropa de los años sesenta, setenta y ochenta que había ido guardando con mimo; me quedé sin palabras otra vez. Le pedí permiso para hacer un fanzine con todo aquello y me dijo que adelante. Cuando ya lo tenía montado, le pedí un último favor, que me dejara enviarle unas preguntas. Viniendo de él me esperaba unas respuestas increíbles, pero es que superó todas mis expectativas. La entrevista la he impreso en unos papeles de colores y la encontrarás adjunta dentro del fanzine, que por cierto se llama Keep On Walkin’, una de las frases que garabatea Eme en las bolsas o paquetes de Makeo.
Si te gusta lo que ves, puedes comprarlo en mi BigCartel (haré los envíos a partir de la semana que viene). Y si pasas por Barcelona, este viernes y sábado también estará disponible en mi mesa del Gutter Fest, donde me verás con mi mejor sonrisa.2 ¡Os doy las gracias por adelantado!
Pues eso, keep on walkin’ (que no talkin’),
Alba G. Mora.
Prueba de ello es que en el Substack de la semana pasada, se colaron varios errores e incongruencias que me van a perseguir hasta el día que me muera. No los señalo porque os gustó mucho y no quiero decepcionaros. Me caéis todos genial.





