Souvenirs de Tokio, Kioto y Sitges
Found footage de un tiempo que ya no existe
El martes 19 de agosto fue el Día Internacional de la Fotografía. Por la noche vi un reportaje sobre el asunto en la tele, a mi lado tenía a mi madre, con la que estaba pasando un par de días en un hotel de Sitges llamado Galeón para celebrar su 60 cumpleaños. Durante el reportaje, en el que había un montón de tíos haciendo fotos en blanco y negro con cámaras caras, mi madre me dijo: «¿te acuerdas de cuando querías ser fotógrafa?». Y se rio. Antes le había enseñado las fotos que hice en Nueva York con la cámara analógica y que justo había recibido esa misma tarde. Para mi madre, nunca nada es suficiente.
Además de hacer fotos, me gusta comprarlas, aunque a veces puede ser un hobby caro de cojones. Suelo hacerlo online, pero también en mercadillos donde después de mucho tiempo he conseguido perfeccionar la cara de «en realidad, tampoco me gusta tanto esto» que pongo cuando pregunto por el precio de algo. Así que con el tiempo me he hecho con una buena colección de fotos antiguas y de álbumes familiares de familias que no son la mía (porque la mía no tenía por costumbre hacer fotos a nada). El año pasado, cuando volví a Japón por segunda vez, encontré una tienda de cosas de segunda mano en el barrio de Shimokitazawa, en Tokio. Entré sin pensármelo y en una esquina vi un cuenco lleno de negativos de los años cincuenta y sesenta. Compré los que estaban en mejor estado y los que intuía que eran del mismo fotógrafo. Cada paquete de negativos costaba unos 3 €. Una semana después, y en Kioto, mi amigo Carlos que vive allí, me recomendó una tienda de revelado de fotos. Llevé mis primeros carretes y el señor de la tienda los tuvo listos en una hora por unos 6 €. El tipo utiliza un escáner y un laboratorio Noritsu Koki. Cuando le pregunté si podía llevarle algunos negativos para escanear y otros carretes, me dijo: «hoy cierro a las cinco». A la mañana siguiente, llevé a cabo mi amenaza y le esparcí todos los negativos por el mostrador. Los agarró con cara de póker, como la que pongo yo antes de regatear en un mercadillo, y se disculpó porque no los tendría listos hasta el día siguiente. Las fotos me llegaron a primerísima hora mientras estaba en un mercadillo de Kioto y por poco me da algo al verlas. Aquí van unas pocas:
El miércoles 20 de agosto mi madre cumplió 60 años. Nunca le he enseñado estas fotos, pero si las viera, ¿consideraría que la persona que las hizo era un fotógrafo? Volví de nuestros días de Sitges con el souvenir del agotamiento. En ella, a veces, veo lo que no me gustaba de mi abuela y de lo que ella misma se quejaba cuando mi abuela todavía vivía. Por eso creo que me acerco a mi madre en lo que nos diferencia y me alejo de ella en las similitudes. Durante esos dos días en Sitges, me llamó la atención que quisiera hacerse fotos con el móvil constantemente y me dio mucha pena pensar que en un futuro nadie las va a encontrar en Wallapop, Todocolección o en un mercadillo después de regatear durante un rato.
A ver si nos vemos pronto,
Alba G. Mora.



