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Alba G. Mora

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14 de agosto de 2025

Souvenirs de Nueva York

Cosas que me traje de Nueva York mientras evitaba mirar a la gente a los ojos

Es difícil ser una misma en una gran ciudad. O en un sitio que no conoces. Yo me siento pequeña y torpe, como si se me olvidaran todos los trucos de la gran ciudad que he aprendido hasta ahora. De repente, me da vergüenza entrar en una cafetería, pillar el bus o pedir la cuenta y me da la sensación de que las personas que se cruzan conmigo ven algo en mí que yo no soy capaz de ver.1 En Nueva York fue así todo el rato, en ningún momento tuve la sensación de que estaba en control porque nada te prepara para una ciudad como esa donde todos caminan con un rumbo claro y seguridad, hay pibes con cámaras de 16 mm –Jonas Mekas vive, la lucha sigue–, las chicas hablan de un tío llamado Trevor y los chicos de algo llamado «Front end Developer». Siempre evito generalizar, pero te prometo que escuché a varias chicas hablar de un tal Trevor, a lo mejor era el mismo Trevor, a lo mejor todos hablaban del mismo «Front end Developer» porque como termina pasando, ninguna ciudad es tan grande y todo el mundo comparte historia con la misma persona desgraciada. Por suerte, en el limbo que son las vacaciones hay otro limbo, que es el de la habitación de hotel, un espacio en el que te puedes quitar la máscara de susto y ser tu misma rodeada de las cosas que vas acumulando durante el viaje. Como ya conté en Souvenirs de Japón, a mí me gusta coleccionar cosas gratis –tickets, servilletas, papeles de todo tipo– y también intento pillar muñecos, fanzines y libros. En Nueva York, comprar un libro o un fanzine sale más barato que comprar mantequilla o un litro de zumo de naranja en el super, así que me hice con una colección bastante guay que paso a enseñarte, en parte, a continuación. Al final de todo, también te comparto un vídeo que grabé en uno de esos momentos de limbo dentro del limbo. Espero que encuentres alguna referencia interesante o inspiradora.

Encontré el primer número de la revista On the Rag en la tienda Casa Magazine. La pillé por Chris Kraus, que colabora como editora, y la compré por esta página de Rawand Abu Ghanem, la primera mujer surfera del Club de Surf de Gaza. Me pareció un gesto tan significativo que una revista con contenido supuestamente superficial y editada en Estados Unidos incluyera en sus páginas centrales una página-statement como esta... Si quieres ayudar a Rawand y a su familia, puedes donar dinero a través de este Go Fund Me. Por cierto, la librería Barnes & Noble no ha querido tener la revista en sus estanterías.
Dos fanzines que compré en Quimbys, otro sitio increíble. El de Pink Palace es de Dave Hankins y en él analiza la casa que Jayne Mansfield y su marido construyeron en Sunset Boulevard.
También comprados en Quimbys. El de Jail on Wheels es de Half Letter Press, la editorial de Marc Fischer y Brett Bloom. Si alguna vez hemos hablado de fanzines, seguro que te he mencionado a Marc Fisher porque es la persona a la que más admiro dentro de este mundillo. Lo de la derecha es un pequeño manifiesto que él mismo redactó y con el que no puedo estar más de acuerdo. (Son unas cuatro páginas, quizá pueda traducirlas y compartirlas por aquí algún día.)
¿La joya de la corona de lo que he comprado? Te pongo la contra del librito:
Otro fanzine y varias entradas a sitios. También una tarjeta de visita y un flyer.

Y ahora el pequeño vídeo donde te abro una puerta, otra más, a mi corazón. Probablemente sea mi vídeo más personal porque se me ven los pies, la cara y, además, canto, que es algo que suelo hacer constantemente.

See ya soon, o todo lo soon que pueda,

Alba G. Mora.

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Parece mentira, pero en nada cumplo 33 tacos.

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