¿Podemos ser amigas?
Entrevista a Martina Sarritzu
Conocí el trabajo de Martina Sarritzu a través de mi amiga Karla. Empecé a seguirla en Instagram y no tardé en darme cuenta de que teníamos muchas cosas en común: a las dos nos gusta hacer fotos, lo kitsch y comprar cosas en tiendas de segunda mano. Meses después le propuse publicar algo juntas y hace un par de semanas fui a buscar a imprenta Un paso atrás, el primer cómic que se edita en España de Martina, con la traducción de Jorge de Cascante y la rotulación de Daniel Tudelilla. Y como llevo algunos años cotizados en esto de la edición y sé cómo funcionan las cosas –aunque cada día me llevo alguna sorpresa– sabía que no sería fácil conseguir una entrevista para Martina, así que pensé: se la hago yo y así aprovecho para preguntar lo que siempre he querido preguntarle. (La entrevista se hizo en inglés y la he traducido yo misma.)
Martina, la primera vez que vi tu trabajo, pensé: ojalá podamos ser amigas. Me encanta cómo retratas la sexualidad, tu acercamiento a lo kitsch y tu percepción de la belleza. Si tuvieras que presentarte, ¿cómo lo harías?
¡Dios! Para empezar, que soy mitad sarda y mitad emiloromañola. Los italianos entenderán perfectamente cómo de diferentes son las tradiciones y lo que se considera «apropiado» en esas zonas. Mi familia sarda se caracteriza por ser religiosa y muy educada. Se presentan como gente que siempre hace las cosas bien. A veces, cuando los visito, me doy cuenta de que aquellas cosas que digo, que a mí me parecen completamente normales, ¡para ellos son un escándalo total! Es de aquí de donde viene mi sentido del deber (muy arraigado) y mi compromiso con llevar a cabo todo lo que me propongo. Por otra parte, la gente de Emilia-Romaña es más excéntrica y libre. La sexualidad era un tema del que se hablaba de forma natural en mi familia desde que era una niña. Es una zona conocida por la cultura de clubes de los ochenta y noventa y por el turismo destinado a personas mayores en playas supermugrientas. Me crie allí, tuve mis primeras relaciones, mis primeros trabajos y, los primeros dieciocho años de mi vida, abracé por completo ese espíritu trash. Después tuve una crisis existencial que me llevó a hacer lo que hago ahora, pero esa época fue fundamental para moldear mi imaginación. ¡Creo que mi vida personal y mi trabajo son inseparables! Voy a adjuntar fotos de los dos lobos que hay dentro mí: una de cuando era joven e iba siempre hasta arriba de alcohol, y otra de mi vida ahora, más nerd, más feliz.
¿Cuándo empezaste a interesarte por los cómics, por contar historias?
De niña, no tenía un diario como tal, pero sí una agenda de un banco donde dibujaba cómics. En lugar de escribir cómo me sentía, reinterpretaba mis emociones a través de historias: de esa forma sublimaba mis experiencias y escenificaba mis esperanzas para el futuro.
En aquel momento mi estética era muy similar a la de ahora (una atención al detalle obsesiva, líneas limpias), también los temas (el sexo, lo kitsch, la adolescencia y las discotecas). Dejé de dibujar con 13 años, cuando tenía un cuelgue muy fuerte con las chicas malas del colegio. Porque ellas no dibujaban, y yo solo quería formar parte de ese grupo (spoiler: lo conseguí). Creía que dibujar era algo infantil y no lo retomé hasta los… 22 años. Me acababa de graduar en Psicología (creyendo que me ayudaría a entender a mi familia y a superar mi crisis de identidad), pero cada vez que pensaba en apuntarme a un máster me quería morir. Por suerte, con la ayuda de la psicóloga de la universidad, que era gratis, me di cuenta de que no quería continuar ese camino. Y la última cosa que me había hecho feliz había sido dibujar. Así que armé un portfolio para presentarlo en la Academia de Cómic e Ilustración y, milagrosamente, me aceptaron. Evidentemente estaba superoxidada y no sabía NADA –pero NADA– sobre cómics o libros ilustrados. Pero gracias a mis compañeros de clase y a los profesores, descubrí un mundo donde me sentí aceptada y a partir de ahí todo tuvo sentido.
¿Qué rutina sigues? ¿Qué momento del día le dedicas al trabajo?
Ahora mismo… todo el día. Me despierto pronto y me encanta ir con la calma. Vitaminas, skincare, café –a veces en el bar de abajo, que lo lleva un hombre mayor– y leer en el sofá. Me siento en el escritorio y empiezo también con la calma. La cabeza me funciona mejor de cinco de la tarde a once de la noche. Es algo que estoy intentando cambiar, porque me siento culpable trabajando por las tardes, sé que no es lo habitual. Aunque tengo que reconocer que me gusta fantasear, dejar que mi mente divague por las mañanas, y de momento es algo con lo que estoy cómoda.
La primera vez que hablamos por Google Meets, me dijiste que coleccionabas postales antiguas. ¿Puedes hablarme de eso? ¿Coleccionas más cosas?
Empecé a coleccionar postales porque quería que Cartoleena –una cuenta de Instagram de un amigo que hace un análisis semiótico de las postales de una forma muy divertida e inteligente– analizara algunas de la zona de Emilia-Romaña. Cuanto más buscaba, más postales encontraba con diseños muy locos e inapropiados, y ya no pude parar. Se convirtió en una obsesión para mí también. ¡Es lo único que colecciono de forma sistemática porque ocupa poco espacio y es barato! El pasado verano encontré un lote de postales eróticas en un estanco y empecé a dibujar en ellas y a enviárselas a gente interesada en comprarlas. ¡Fue muy divertido e incluso me pagué las vacaciones con eso! También colecciono cositas de los mercadillos. ¡Mi mejor hallazgo es una botella de vidrio con un tapón de corcho que contiene uñas de pies y restos de piel seca de talón!

Sé que te encanta la ropa. ¿Cómo te relacionas con ella?
Mi abuelo tenía una fábrica de zapatos (que es algo muy común en mi pueblo). La parte emiloromañola de mi familia tiene mucho estilo vistiendo. Mi tío colecciona ropa vintage y trabajaba en el mundo de la moda cuando era joven. En la parte sarda, tenía una tía abuela que era bruja y una acaparadora compulsiva: llevaba pelucas, decenas de collares a la vez y mallas de color fucsia. ¡Creo que esas dos últimas cosas me marcaron un montón! Cuando era niña, quería ser diseñadora de moda: solía dibujar vestidos pequeñitos, los recortaba y se los ponía a las muñecas de papel que dibujaba, les cambiaba de ropa constantemente. Años después las encontré y me partí de risa porque, ¡visto exactamente igual que ellas! Por otra parte, para mí vestir bien es importante porque después de la adolescencia, me sentía muy desconectada de mí misma. Llevar la ropa que me gustaba era una de las cosas que me hacían sentir que tenía una identidad cuando me percibía como alguien frágil.
Necesito que me hables de tus veranos en Rimini, me lo comparaste con Benidorm. También necesito que hagas un documental. Todos los vídeos y fotos que haces allí son increíbles.
Empecé a grabar a la gente en la playa cuando tenía que ir a casa de mi madre en verano y me aburría. Fue una misión que me impuse como pasatiempo y, como casi siempre me pasa, se convirtió en un deber. Hay un tramo de playa de unos dos kilómetros (Igea Marina) que es un horror: tuberías de aguas residuales que desembocan en el mar, algas que parecen trozos de lechuga, hormigas muertas en la orilla, ancianos moribundos bailando con animadores, cruceros que llevan a la gente a la granja de mejillones… Es como una especie de Riviera adriática de tercera división, y me chifla. Si tuviera que pensar en el momento más representativo sería aquella vez que saqué el móvil, enfoqué al azar para grabar y… ¡Boom! Ahí en todo el encuadre había un viejo haciéndose una paja cerca de dos tíos que dormían bajo el sol. Ni siquiera estaba buscando algo horrible, ¡pero lo tenía delante de las narices!
¿Qué opinas del mundo del cómic o del sector editorial en general?
Sinceramente, siempre he ganado más dinero imprimiendo mis cómics y vendiéndolos por internet o en ferias. Pero al mismo tiempo, la gente me conoce porque he publicado algunas cosas en editoriales, que es lo que me da visibilidad. A veces lo percibo como una especie de tarjeta de visita, no sé. Además, tener un buen editor o editora ayuda a desarrollar la historia y a que sea mejor, así que en general estoy agradecida. Pero en cuanto al dinero… ¡Hummmmmmmh!
¿En quién piensas cuando haces cómics o escribes?
Para cada libro busco referencias visuales y literarias que tengan que ver con el proyecto. Me ayuda mucho tener una especie de santuario en mi escritorio y rodearme de imágenes de fotógrafos que quiero imitar y libros que me gustan. Y por supuesto, también pillo muchas cosas de mi vida, de lo que he vivido o escuchado. No creo que sea buena inventando nada, ¡pero sí absorbiendo!
¿Cuál es tu comida favorita?
Mis amigas dicen que, si fuera un plato, sería uno de pasta. Me encanta hacer pasta risottata y preparar salsas ricas y espesas, de esas que después requieren de una siesta de dos horas para hacer la digestión. ¡El último plato de pasta que hice fue rigatoni con gírgolas, pecorino y ricota! Aun así, en esta foto aparece la masa para hacer passatelli, una pasta típica en Emilia-Romaña.
¿Y tu película? En Un paso atrás se menciona Tres metros sobre el cielo y recuerdo nuestra conversación sobre nuestro Mario Casas y vuestro Mario Casas con cariño.
Cuando la gente me pregunta sobre mi cosa favorita, siempre me muero de la vergüenza porque nunca sé qué decir y parece que no tenga intereses. Pero es que me cuesta escoger. Depende del día. Ahora te diría Blackbird Blackbird BlackBerry de Elene Naveriani.
Y por cierto, un dato divertido sobre Federico Moccia, el autor de Tres metros sobre el cielo, el libro que después adaptaron al cine: Moccia se graduó en 2023 en Literatura moderna –con una puntuación de 107 sobre 110– en la universidad online Guglielmo Marconi con un trabajo de literatura comparada llamado Dos visiones comparadas del amor: Jack London y Federico Moccia. Diferencias y similitudes en el estilo, la visión y la inspiración a lo largo del tiempo. LOOOOOOOOL.
¿Qué consejo le darías a alguien que está empezando a escribir, dibujar, etc.?
Voy a reciclar algo que leí hace poco en Syllabus de Lynda Barry: «la creatividad, la escritura y el dibujo son músculos. No debes esperar a inspirarte para empezar a trabajar. Así como un atleta entrena para mejorar sus movimientos, la buena escritura y el buen dibujo necesitan ser ejercitados. El mito del “golpe de inspiración” es una gilipollez, es poco realista y te hace sufrir. Trabaja mucho y trabaja duro; ¡ser bueno no es algo que pase de la noche a la mañana!»
¿En qué estás trabajando ahora?
Estoy haciendo un cómic con Minimum Fax, una editorial italiana, sobre la adolescencia tardía en Emilia-Romaña, las fiestas, el amor, la familia, el trabajo de temporada y las decisiones que tomamos. Básicamente lo que ves durante el verano en mis historias de Instagram. Será un libro un poco triste, aunque divertido a ratos. Estoy trabajando como una monja, ¡espero que merezca la pena! Algunas partes serán así, pero utilizaré varios estilos de dibujo:
¿Qué vas a hacer cuando termines de responder a estas preguntas?
Esta mañana he ido al mercadillo: he comprado una postal, una foto y he robado un colgante con forma de cerdo. Ahora volveré a la página en la que estaba trabajando cuando he empezado a responder y cuando termine, empezaré a trabajar en un cómic breve que estoy haciendo para Povere Puttane, un proyecto que lleva en marcha tres años y que hago con dos artistas de cómic también. Será una especie de lectura en voz alta centrada en nuestra infancia y en nuestros diarios de adolescencia.
¿Hay algo más que quieras decir? ¿Alguna pregunta que te hubiera gustado que te hiciera?
¡Me explayo tanto que no sé si alguien habrá sido capaz de leer todo esto! Quizá lo único que añadiría es que normalmente se dice de mis cómics que tienen un visión muy positiva de la sexualidad. Pero no todo lo que reluce es oro. Con el paso del tiempo, me doy cuenta de que mi fijación por el sexo –por entenderlo y sacarle partido– ha sido probablemente una respuesta funcional a malas experiencias. Solía ver solo el lado positivo de las cosas, pero ahora entiendo mejor que nunca el dolor que conllevaba. Ha sido toda una travesía, y ahora veo los baches que ha habido por el camino. Quizá algún día explore más ese aspecto.
Gracias por las preguntas tan increíbles, Alba. ¡Espero que podamos ir muy pronto a comprar cosas de segunda mano! <3
Yo por mi parte no podía despedirme sin enseñaros la foto de la botella con uñas y pieles muertas de talón. Gracias por tu generosidad, Martina. Nos considero amigas para siempre.








