Palacio Rosa
Un nuevo fanzine
Soy de L’Hospitalet de Llobregat, una ciudad que está a veinte minutos en metro del centro de Barcelona. Aun así, la primera vez que vi el puerto de Barcelona tenía unos siete años, la primera vez que recuerdo pasear por el centro de Barcelona, unos once. Mi conocimiento del mundo exterior se limitaba a varias calles y sobre todo a las cuatro paredes de mi cuarto. En una excursión del cole nos llevaron a un sitio bastante liminal, al Palau Sant Jordi, que se utiliza para grandes conciertos. Cuando llegamos, recuerdo, nitidísimamente, pensar que ya había estado ahí y también, qué vergüenza, que era un sitio muy especial. No puedo más que partirme el culo y desear volver al pasado para darme un abrazo bien fuerte.
Pero algo pasó ese día porque desde entonces estoy obsesionada con encontrar sitios que me hagan sentir esa mezcla de ya he estado aquí+he soñado con esto sin haberlo visto antes+siento que lo conozco+parece que el tiempo está suspendido. Un ejemplo claro de esa sensación lo encontré tiempo después cuando vi la mansión que tenía el pianista Liberace en Las Vegas. Era una casa recargada, excesiva, con pianos carísimos y piscinas en forma de piano. Un sitio que era, en definitiva, como el propio Liberace.1 Y es a esa mansión a la que me escapaba (mentalmente) cuando estaba escribiendo la novela; quería trasladar todo lo que me despertaban los espacios así al papel y generar, en la medida de mis posibilidades, una sensación de extrañeza y de tiempo detenido.2
Con todo esto en mi mochila llena de otras tantas cosas, me fui a Nueva York en agosto y visité Quimby’s, una librería pequeñita pero hasta los topes de fanzines donde me gasté mi buen dinero. Entre los fanzines que compré ese día destacaba uno impreso en papel rosa que había comprado por impulso, sin haberlo abierto. Se titulaba Pink Palace y lo firmaba un tal Dave Hankins, del que también había pillado un fanzine llamado Gorilla Movies (ambos publicados en Lazer Attack, su sello de fanzines). Devoré ambos esa misma noche, pero Pink Palace me afectó de una forma especial porque en él, Dave hace un recorrido exhaustivo por la mansión que la actriz Jayne Mansfield y su marido Mickey Hargitay tenían en el 10100 de Sunset Boulevard de la misma forma que yo había recorrido mentalmente la de Liberace. La única, y gran diferencia, es que Dave se ha pasado 25 años investigando sobre la casa e incluso pudo visitarla en una ocasión y llevarse un pedacito de historia. La casa de Jayne, tan ostentosa como la de Liberace y con una piscina en forma de corazón, estaba llena de cupidos, corazones y animales de todo tipo (ocelotes, burros, monos, perros y gatos). Era una manifestación del amor que Jayne y Mickey sentían el uno por el otro, una carta de amor preciosa en forma de casa que Dave consiguió encapsular en un fanzine. Así que, emocionada como estaba, le escribí en cuanto llegué a Barcelona y le pregunté si le interesaría que tradujera e imprimiera en España su Pink Palace. Me respondió amabilísimo y en cinco minutos ya habíamos llegado a un acuerdo fanzinero. Los siguientes días, los últimos de mis vacaciones de verano, los pasé traduciendo y maquetando Palacio Rosa, uno de mis fanzines favoritos, porque me encantan las historias de amor y porque es un refugio ideal.
Si quieres un ejemplar, puedes comprarlo en mi BigCartel por 6 €. También intentaré que esté en algunas librerías de Barcelona y me lo llevaré a todos los sitios a los que vaya, por si coincidimos y quieres uno. A continuación te dejo con un par de preguntas que le hice a Dave, que ha resultado ser, evidentemente, una de las personas más guays, especiales y amables del planeta.
Cuéntame algo sobre ti.
Tengo 45 años. Me crie en el Sur de California, viví en Oregón durante un tiempo y ahora vivo en Nevada. Me encantan los libros y el arte. Paso muchísimo tiempo haciendo fanzines, pero también me gusta dibujar, pintar y hacer block prints.
Si no me equivoco, eres cinéfilo. ¿En qué fila te gusta sentarte cuando vas al cine? ¿Qué película le recomendarías a alguien que lea Palacio Rosa?
Me encantan las películas, pero no me considero un cinéfilo. Hace diez años que no piso un cine. Las últimas veces que lo hice, estaba tan distraído y la gente me estaba molestando tanto, que tomé la decisión de solo ver películas en casa.
Y creo que recomendaría The Girl Can’t Help It. La vi cuando tenía diecisiete años y eso es lo que me llevó a descubrir el Palacio Rosa. Fue la primera película de Jayne Mansfield que vi e inmediatamente quise ver más, así que empecé a ver más películas en las que salía ella y a leer sobre su vida. Cuando descubrí la casa, no podía parar de pensar en ella. Normalmente a algo así le doy vueltas un par de días y ya está, pero en esa ocasión mi fascinación con el Palacio Rosa solo hizo que crecer. En fin, que me encanta esa peli. La estrenaron en 1956 y aparecen algunos músicos de rock’n’roll como Eddie Cochran, Fats Domino, Little Richard y Gene Vincent. También aparece Julie London, que no tenía nada que ver con el rock’n’roll, pero era una cantante increíble. La dirigió Frank Tashlin, animador de Looney Tunes, dibujante de cómics y escritor de libros infantiles, así que hizo una peli muy colorida y tontorrona. Tashlin metió varios chistes visuales que no desentonarían en Bugs Bunny, pero que llaman la atención en una película con actores reales. Me encanta. Es divertida, tiene una gran banda sonora y Jayne está impresionante.
¿Cuándo empezaste a hacer fanzines y por qué?
Empecé a hacer fanzines en 2004. Entre 2004 y 2022 todos mis fanzines contenían algunas historias cortas que había escrito. Quería ser un escritor de libros infantiles e ilustrador, así que era una forma barata de publicar mis historias. En casi todas había animales antropomórficos y dinosaurios. Palacio Rosa fue el primer fanzine que hice sobre algo real. Y lo hice porque estuve veinticinco años hablando sin parar sobre esa casa y la gente siempre me decía que tenía que escribir un libro sobre ello. Así que les hice caso. Disfruté tantísimo haciéndolo que dejé de escribir cuentos infantiles y continué haciendo fanzines sobre cosas reales.
En Palacio Rosa también cuentas que estuviste 25 años investigando y leyendo sobre la casa de Jayne Mansfield. ¿Hay otros temas que te hayan obsesionado tantísimo?
Sí, varios, pero mi otra gran obsesión es Vincent van Gogh. Lo descubrí cuando tenía quince años y, como me pasó con el Palacio Rosa, no podía sacármelo de la cabeza, no me cansaba de ver cuadros suyos. Ya han pasado treinta años, pero me sigue fascinando, me encanta leer sobre él y mirar sus cuadros. He hecho varios fanzines sobre él, pero estoy seguro de que haré más.
En uno de sus últimos emails, Dave me dijo que había impreso copias del Palacio Rosa para que las tuvieran en Quimby’s. También me dijo que le parecía alucinante que hubiera conocido su trabajo en Nueva York y que él viviera cerca de la casa de Liberace (de hecho, fue ayer a hacer fotos del exterior para enviármelas). Yo el respondí con un «es el destino ja, ja». Y lo creo de verdad. Nada pasa por casualidad, amiga.
Pronto te cuento más,
Alba G. Mora
Si te interesa saber un poco más acerca de Liberace, recomiendo este reportaje. También hay un docu en Netflix, The World of Liberace.
Mientras escribía también sonaba, en bucle, Plays Liberace de Celer, que es uno de los discos que me llevaría a la tumba. La portada también me inspiró muchísimo. (El otro disco que me llevaría a la tumba también es de Celer.)







