Los espías y el fanzine
Enfrente de mi casa hay un instituto en el que vive un conserje. Está ahí dando vueltas a todas horas, apagando y encendiendo las luces de la fachada, barriendo la entrada. En Navidad, mi madre y yo le vimos entrar en el instituto con un puerro en la mano y yo aproveché para grabarle con mi cámara hasta que se perdió en la parte trasera del edificio. Tiene el pelo largo, gris, va vestido como el propietario de una granja escuela y conduce un Dacia. Su presencia se ha hecho más evidente con la llegada del invierno y la caída de las hojas de los árboles. De hecho, ahora veo a los niños en clase y ellos fijo que ven a la paloma volando por el comedor. Pero cuando llega el fin de semana, todas las ventanas del instituto están bajadas excepto una, que permanece un palmo subida y es la que da a mi cuarto de baño. Así que, siendo yo como soy, he empezado a pensar que el conserje me espía desde la clase de sexto mientras yo me cepillo los dientes. Y no solo él, también la vecina, porque últimamente cada vez que salgo de casa la escucho detrás de su puerta (y yo pongo cara de vecina normal hasta que llega el ascensor).
Que esté pasando todo esto (en mi cabeza) me viene muy bien porque en las últimas semanas he estado trabajando en un nuevo fanzine.1 Se va a llamar «Peeping Meadia» [sic], y en él he recopilado frames de los vídeos que grabé en Japón desde las diferentes habitaciones de hotel en las que estuve (el zoom de mi cámara es una cosa increíble).2 Tendrá 20 páginas, lo imprimiré en offset (espero venderlo todo porque si no estoy jodida para siempre), incluirá una nota adjunta con un clip, vendrá en un sobre blanco con un sello que he comprado en tusellopersonalizado.es y… una tarjeta de visita en la que pone Alba G. Mora y albagmora.com. Del fanzine imprimiré 150 copias, pero de tarjetas he impreso 250 que ahora mismo están encima de mi escritorio hasta que llegue el fanzine. Las veo y pienso que, siendo yo como soy, prefiero vivir con el hecho de que alguien me mire a que nadie lo haga. Así que si el zoom de la cámara del conserje es como el de la mía, podrá ver las tarjetas y espiarme online, porque tampoco queda tanto para que las hojas vuelvan a crecer y me pierda de vista.
Un abrazo sentido,
Alba G. Mora.

Terminé de hacerlo el domingo de la semana pasada durante una bajada de tensión. Es fuerte como de un tiempo a esta parte estar enferma equivale a tener tiempo libre para poder escribir o hacer cosas que me gustan.


