La primera vez que me pagaron por escribir
Fue para proteger a Mercedes Milà. Más o menos. El curro me lo consiguió Mari Carmen, una compañera del Ciclo Superior de Realización de Audiovisuales, y consistía en moderar el chat del canal 24h de Gran Hermano 12+1: la re-vuelta, que se llamó así, decían, porque Mercedes Milà es supersticiosa. No tuve que hacer ni entrevista, esa misma semana me presenté en la última planta del edificio Allianz de Plaça Espanya y me explicaron cómo funcionaba todo. Tenía que estar de viernes a domingo de seis de la tarde a dos de la mañana asegurándome de que no se colaran insultos o amenazas a Mercedes Milà. Y en el caso de que hubiera amenazas, reportarlas. En los momentos de menos actividad en el chat, tenía que escribir haciéndome pasar por telespectadores del canal. Es de calle el mejor trabajo que he tenido en la vida, y también el mejor pagado: con el primer sueldo me pagué un tatuaje que ahora estoy pagando por quitarme. En ese momento me gustaban las naves espaciales y las chicas.
En principio, solo se nos estaba permitido ver Gran Hermano, pero las tardes eran muy lentas y aburridas, así que también veía episodios de Battlestar Galactica. De vez en cuando echaba un vistazo a los mensajes en cola, los editaba si había insultos y los enviaba. Mari Carmen me había dicho que el jefe se conectaba al canal para revisar que estuviéramos moderando bien, así que tampoco me podía escaquear demasiado. Era como un Gran Hermano dentro de Gran Hermano en el que sonaba constantemente «Sexy and I Know It» de LMFAO. También tuve la suerte de que esa fuera la edición más larga de la historia del formato porque todos estaban liados con todos, o eso es lo que recuerdo (se me mezclan las tramas de Battlestar Galactica con las de GH).
A partir de las 23h, cuando la gente volvía de cenar o de estar por ahí, la actividad en el chat se incrementaba y estaba absorta hasta que terminaba mi turno. Pero antes, podía pasar horas sin recibir ningún mensaje, así que tenía que escribir un montón: mensajes de apoyo a Mercedes Milà, mensajes en los que criticaba a los concursantes favoritos de turno (para que el fandom respondiera y yo pudiera descansar un rato), saludos a mis amigas y a mi madre… Tenía el músculo de la escritura más entrenado que nunca.
Y todo era más sencillo y sin complicaciones. Lo que escribía eran como poemas efímeros que desaparecían en el ciberespacio, enterrados entre miles de interacciones y amenazas. Solo tenía que poner el piloto automático y dejar que las imágenes de naves espaciales, edredonings, llantos, pruebas, fiestas, payasos, Barcelona de noche y la moqueta gris de la oficina tomaran el control.
Mercedes Milà es la mejor presentadora de la televisión.
Noemí está tan sola.
¿Se ha cortado Hugo el pelo?
Esto que suena es un tema de Mohombi.
Una hora más y salgo del tajo,
ojalá el autobús pase pronto.
¿Sabe Ari que hay gente que la quiere?
¿Dónde está la fiesta?
Es el mejor momento de nuestras vidas. Pepe ganador.
No os parece bonito que todos estemos viendo la tele.
Cambio y corto, espero que nos veamos pronto, atentamente,
Alba G. Mora.
Espera, todavía hay más aventuritas. Después de que terminara la edición, siguieron llamándome para cosas puntuales: trabajé ofreciendo información sobre los trabajos que se anunciaban en el programa Aquí hay trabajo de La 2 y, meses después, me pidieron que fuera a la oficina a hacer que trabajaba, ¡increíble! Venían unos tipos de Madrid y necesitaban que las oficinas se vieran llenas. Así que estuve una hora, que fue lo que duró la visita, hablando sola por un pinganillo. Si llego a saber que poco tiempo después la empresa se iría a Madrid y yo me quedaría sin trabajos de mentira, ese día habría hecho fatal mi papel de oficinista que habla por un pinganillo.




