Algo pochita
Fanzines, dinero, publicar y hablar en guaguas
El pasado fin de semana estuve en Santa Cruz de Tenerife impartiendo un taller de fanzines para Onda Corta. Después del jaleo, fui a cenar con Narelys, Omi y Joel1 y me contaron que en Tenerife la gente era dada a sentarse a tu lado en la guagua para hablarte de todo un poco. Soy de L’Hospitalet de Llobregat y la vida me ha entrenado para no mirar a desconocidos a los ojos, así que ese detalle me produjo algo de terror, pero también ternura. Al día siguiente quise aprovechar mi último día en Tenerife y después de pasarme por el rastro –compré cosas increíbles– fui a La Laguna, donde por lo visto había un encuentro Pokémon.2
A la vuelta estaba cansadísima e iba con el piloto automático, así que cuando un hombre y su hijo se me acercaron en la estación de guaguas, no caí en lo que me habían dicho la noche anterior. Contesté con toda la amabilidad a sus dudas sobre los horarios y les dije que era de Barcelona para excusarme por no tener más información. «¿Catalanita?», me dijo el hombre. El niño pequeño ya se había apartado. Yo le dije que sí, y él me contestó que era de Tarragona. Ya en la guagua, se sentó a mi lado. La conversación nos llevó a mi trabajo, «hago libros», y él me dijo, como se suele decir en estos casos, que estaba pensando en escribir uno, que tenía un título muy bueno para el libro. Me quedé unos segundos en silencio porque tenía ganas de vomitar –me había tomado un barraquito siendo un poco intolerante a la lactosa– y él, viendo que no le preguntaba por el título, lo soltó bajito para que no le escuchara su hijo: «Se llamaría El cocinero y la prostituta. Yo soy cocinero». No quise indagar más y le respondí que no hacía falta publicar libros.
Quizá me pasé de pesimista y no pude explicarme mejor dadas las circunstancias (insisto en que estaba a punto de vomitar), pero había dedicado los dos últimos días a hablar sobre las ventajas de hacer fanzines para tener control total de lo que haces, lo que dices, de dónde lo vendes y cómo. Y, cuando publicas un libro con una editorial, el libro no siempre es tuyo. También está el tema del dinero, obviamente. Algo que no me cansé de decir en el taller de Onda Corta es que no me salen los números. Porque pongamos que haces un fanzine al que le dedicas cuarenta horas y lo vendes a 6 € con una tirada de 50 o 75 ejemplares. Ahora imagínate que estás cinco años escribiendo una novela por un adelanto de 1000 €. Es algo a lo que le llevo dando vueltas mucho tiempo como editora, también como persona que intenta escribir, y me da la sensación de que la gente que no está en contacto con el fango editorial solo ve lo bueno de que le publiquen un libro cuando también tiene su lado pochito. Es algo que mencionó la artista Martina Sarritzu hace dos meses en la entrevista que le hice:
«Sinceramente, siempre he ganado más dinero imprimiendo mis cómics y vendiéndolos por internet o en ferias. Pero al mismo tiempo, la gente me conoce porque he publicado algunas cosas en editoriales, que es lo que me da visibilidad. A veces lo percibo como una especie de tarjeta de visita, no sé. Además, tener un buen editor o editora ayuda a desarrollar la historia y a que sea mejor, así que en general estoy agradecida. Pero en cuanto al dinero… ¡Hummmmmmmh!»

Horas después de ese encuentro, y más o menos a salvo en el aeropuerto de Tenerife Norte, fui al baño para seguir meditando sobre estas cosas y escuché cómo una niña le decía a su madre: «estoy cagando más por si acaso». Estuve a punto de morirme ante la genialidad de la frase y pensé en que era un resumen perfecto de lo que es trabajar en el sector cultural.
Abrazos, nos vemos pronto, espero,
Alba G. Mora.
Narelys y Joel trabajan en Onda Corta e hicieron posible que estuviera en Santa Cruz de Tenerife (¡fueron dos de los mejores días de mi vida, la verdad!); Omi forma parte del colectivo Al’Akhawat y para el taller se sacó de la manga un fanzine precioso sobre su abuela.
Era este evento para ser más concretos: https://trainersgo.com/events/community-day/0525/machop/.


