De asesinos simpáticos a filántropos con isla privada
Dos piezas de contenido para pensar de qué lado de la vida te ponés.
¡Hola, isleños!
Esta semana me quedé pensando en que hablé sin querer de algo que conecta dos cosas aparentemente muy distintas: de asesinos en serie que parecen buenas personas a psicópatas disfrazados de filántropos y hombres de bien.
La primera es una película. How to Make a Killing tiene a Glen Powell eliminando herederos ricos con una lógica tan impecable que no podés dejar de darle la razón, y eso es bastante jodido. Cada víctima es genuinamente detestable, como tu cuñada o tu vecina de los gatos, pero eso no merece pena de muerte, ¿o sí?
El protagonista no obtiene lo que merece al final — ni en el buen ni en el mal sentido. Y eso, paradójicamente, es lo más genial que hace la película.

Le di un 8/10. La crítica completa está acá: → Crítica de How to Make a Killing: el asesino más simpático del año
La segunda no es ficción. Esta semana también publiqué una conversación con Daria sobre los archivos desclasificados de Epstein. No necesariamente para sumar al ruido de los que pelean sobre si Trump sabía o no sabía, sino para hacer la pregunta que nadie quiere hacerse: ¿por qué ahora, y por qué no pasa nada?

La respuesta de Daria, como siempre, no es tranquilizadora. → Los archivos desclasificados de Epstein: la isla, el poder y la impunidad
Nos leemos en la próxima entrega.
Henry Drae henrydrae.com
PD: Lumen sigue destruyendo cosas mientras intento trabajar. Mejor una caja de leche que mis brazos. Les manda saludos.