La organización digital como acto de soberanía
No nos digamos mentiras. Estamos en una época en la que internet se ha convertido en un espacio extraño, en el que unos pocos controlan un gran espectro de lo que hacemos y en el que nuestros datos son la moneda de cambio que nos ata a ecosistemas digitales que no nos cuidan; ni a nosotros, ni a nuestras familias.
Y si. Yo también uso WhatsApp, tengo una cuenta de correo en Gmail y iCloud. Obviamente, veo videos en YouTube porque creo que una gran herramienta, pero cuando empecé a analizar lo que hace cada una de esas empresas con nuestros datos, empecé a cuestionarme si en realidad era lo que quería para mi familia y nuestras vidas digitales.
Hace unos meses me encontré con un video que hablaba sobre como las diferentes compañías que ofrecen modelos de inteligencia artificial tratan los datos personales y el enfoque que tiene cada una con respecto a la privacidad. Fue, en ese momento exacto, cuando empezó un proceso de curiosidad incómoda y quise profundizar en la manera cómo cada una de las herramientas que utilizo para organizar mi vida digital y estar en contacto con el mundo cuidan mi información y mis datos.
El problema que identifiqué en mi y corroboré con familiares y amigos cercanos es que confiamos ciegamente en esas empresas. Creemos que porque las usan millones de personas en el mundo, nuestras fotos, notas y datos van a estar seguros.
“Yo no tengo nada que ocultar” me respondió alguien cuando le pregunté si no le importaba que Meta y WhatsApp publicaran publicidad en sus estados basada en sus conversaciones. Y no, no es que haya alguien en Facebook leyendo tus conversaciones, sino que les hemos dado tantos permisos que saben exactamente con quién hablamos, la hora y qué temas tocamos en nuestras conversaciones.
Yo no quiero eso para mi familia. No quiero que las conversaciones sean usadas para bombardear nuestros espacios seguros con publicidad.
Por eso creo que la Organización Digital no solo se trata de productividad sino de algo de rebeldía y soberanía.
Se trata de entender que las herramientas nos deben servir a nosotros y no al contrario.
Piénsalo: tus archivos en una nube que entrena IA con ellos. Tu calendario, al descubierto. Tus notas más íntimas, rastreadas. Tus fechas de pago, monitoreadas. No creo que quieras eso.
Y no, no debemos reducir todo a “tener algo que ocultar”, sino que debemos ser críticos con las tecnológicas porque, de algo sí estoy seguro, no permitirías que alguien se asomara a la ventana de tu casa mientras cenas o te cambias de ropa. Sería extraño y ofensivo ¿cierto?
No te digo que dejes de usar la tecnología que te gusta, te digo que le pongas puertas a tu casa digital. Y que seas tú quien elige quién entra.
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